Hace mucho que no escribía. Hasta incluso, tardé quince minutos en entrar porque no recordaba la clave.
Hoy es uno de esos días en que la ingrata sensación en el estómago, se ha declarado como un síntoma de mi profunda necesidad de escribir para evitar los repentinos cambios de humor.
Hoy quiero escribir acerca de las fechas. Pienso que me hace feliz conmemorar fechas.
Desde hace once meses que puedo decir que tuve el día más feliz de mi vida. Sin titubeos, sin dudas, sin VUELTAS: el día más feliz de mi vida. Aunque muchos puedan encontrarlo algo psicópata o tal vez, "fanático", yo no lo siento ni lo veo de esa manera.
El día más feliz aún me hace sonreír y sentir mil ochocientas mariposas en el estómago.
Jamás pensaría que el ser humano, ni menos yo, podría llegar a experimentar tantas sensaciones en menos de media hora.
Las fechas marcan a las personas. Y sin duda, un 24 a mí me ha marcado. No cualquier 24, sino uno del mes de agosto.
Y aunque no todos los 24 son iguales, me hace feliz el recordar que yo sí he experimentado eso que llaman, el fin último. Claramente a veces no está, se va, se esconde, me evade... o quizás yo soy quien la evade. Pero no importa: basta con que me mires, la recuerdo y la vuelvo a experimentar.
viernes, 24 de julio de 2009
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